ENDRINOS
Penetramos al bosque cuyo follaje
es el luctuoso símbolo del alma del suicida;
una legión de harpías en este bosque anida
devorando las hojas de tan triste ramaje.
Ni un ameno sendero serpeaba en el boscaje
de tétricos endrinos, cuya doliente vida
se originó en la angustia negra del alma herida
que fugó de su carne con obsesión salvaje.
Yo al poeta acerquéme todo atemorizado
pues oía lamentos sin ver quién los lanzaba
"es el alma suicida - dijo el que me guiaba -
que en el reino de Minos fue por él condenada
a ver su propio cuerpo de sus ramas colgado,
cuando del juicio último suene la campanada".
LOS EPICUREOS
Por infernal sendero íbamos caminando
cuando se oyó de pronto un sepulcro, y doliente decia:
"Oh, Toscano, que pasas modestamente hablando
por la ciudad del fuego, y al Dante vas guiando,
dígnate detenerte ante esta tumba impía".
Yo entonces, asustado me aproximé a mi guía,
y la sombra que hablaba me quedé contemplando.
"Dile claro quién eres - me ordeno el caro amigo
pues hablar con franqueza se debe al enemigo"
y la sombra me dijo que allí con ella estaba
la pagana certeva de los antiguos sabios
y la epicúrea secta cuyos ateos labios
afirmaron que el alma con el cuerpo se acaba.
Penetramos al bosque cuyo follaje
es el luctuoso símbolo del alma del suicida;
una legión de harpías en este bosque anida
devorando las hojas de tan triste ramaje.
Ni un ameno sendero serpeaba en el boscaje
de tétricos endrinos, cuya doliente vida
se originó en la angustia negra del alma herida
que fugó de su carne con obsesión salvaje.
Yo al poeta acerquéme todo atemorizado
pues oía lamentos sin ver quién los lanzaba
"es el alma suicida - dijo el que me guiaba -
que en el reino de Minos fue por él condenada
a ver su propio cuerpo de sus ramas colgado,
cuando del juicio último suene la campanada".
LOS EPICUREOS
Por infernal sendero íbamos caminando
cuando se oyó de pronto un sepulcro, y doliente decia:
"Oh, Toscano, que pasas modestamente hablando
por la ciudad del fuego, y al Dante vas guiando,
dígnate detenerte ante esta tumba impía".
Yo entonces, asustado me aproximé a mi guía,
y la sombra que hablaba me quedé contemplando.
"Dile claro quién eres - me ordeno el caro amigo
pues hablar con franqueza se debe al enemigo"
y la sombra me dijo que allí con ella estaba
la pagana certeva de los antiguos sabios
y la epicúrea secta cuyos ateos labios
afirmaron que el alma con el cuerpo se acaba.
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