lunes, 7 de mayo de 2007

BOCETOS DANTESCOS

ENDRINOS



Penetramos al bosque cuyo follaje

es el luctuoso símbolo del alma del suicida;
una legión de harpías en este bosque anida
devorando las hojas de tan triste ramaje.


Ni un ameno sendero serpeaba en el boscaje

de tétricos endrinos, cuya doliente vida
se originó en la angustia negra del alma herida
que fugó de su carne con obsesión salvaje.


Yo al poeta acerquéme todo atemorizado

pues oía lamentos sin ver quién los lanzaba
"es el alma suicida - dijo el que me guiaba -


que en el reino de Minos fue por él condenada

a ver su propio cuerpo de sus ramas colgado,
cuando del juicio último suene la campanada".




LOS EPICUREOS


Por infernal sendero íbamos caminando

cuando se oyó de pronto un sepulcro, y doliente decia:
"Oh, Toscano, que pasas modestamente hablando


por la ciudad del fuego, y al Dante vas guiando,

dígnate detenerte ante esta tumba impía".
Yo entonces, asustado me aproximé a mi guía,
y la sombra que hablaba me quedé contemplando.


"Dile claro quién eres - me ordeno el caro amigo

pues hablar con franqueza se debe al enemigo"
y la sombra me dijo que allí con ella estaba


la pagana certeva de los antiguos sabios

y la epicúrea secta cuyos ateos labios
afirmaron que el alma con el cuerpo se acaba.

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